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Una caja puede guardar una gran historia. En una vieja caja de chocolate guarda la hija del capitán Sixto Muñiz -aquel que primero estuvo en los míticos últimos de Filipinas y después fue maquis- una fotografía cuidadosamente enmarcada, con el cristal decorado, del matrimonio de Represa del Condado formada por Amalia y Cayetano “labrantines y hombres sencillos”, aquel que escondió en su pajar al huido Sixto.

Y en la parte posterior de la fotografía, en un pequeño sobre pegado, viene el tesoro de la caja; una nota manuscrita de Sixto, el del monte, en la que explica, con letra cuidada y pequeña, como ese matrimonio de “hombres buenos, de los de antes, de los que hacían de la amistad un culto y en aras de ella abrieron las puertas de su casa, que otros cerraron, al amigo, perseguido con saña y, buscado, cuando la guerra civil puso odio en el corazón de los españoles”.

Es la carta un bello testamento en vida. Un canto a la dignidad de Amalia y Cayetano, “que sabían que el castigo para el encubridor era la pena capital ¿Cabe mayor prueba de amistad que estar dispuestos a dar sus vidas por el amigo?” No, seguro. 

También es un lamento del cruel destino del “militar hoy perseguido y antaño cubierto su pecho de cruces y medallas, ganadas en cien batallas”.


Una caja puede ser un tesoro.

 

Fulgencio Fernandez - Diario de León